Como una mariposa rota
cuyas alas se han quebrado como el cristal,
y como una rosa destrozada
a la que el niño le arrancó los pétalos
por no poder soportar su tierna belleza.
Así me siento al oír tus palabras.
Sigue desprestigiándome, no importa.
No importa que creas que mi amor
puede hacer daño o no es sincero,
que es menos puro que el que tú sientes.
Tal vez tu amor sea el único verdadero,
muy bien, el tiempo lo dirá...
No el que tú no ames, no,
que yo no me meto en los corazones de los demás,
sino el que yo no ame con sinceridad y profundidad.
Sigue tirando dardos,
no importa.
Tu lees en mi corazón, me juzgas:
soy malvado, un monstruo...
Muy bien, yo no me meto en lo que tu sientes,
cómo lo sientes y de qué manera...
si es más leal o menos.
Tal vez me equivoqué en muchas cosas,
no soy un santo, ni un ángel,
ni me importa que se dude de mis sentimientos.
El tiempo hablará por mí
como habló por ti.
Mientras, que Dios me libre de juzgar
los corazones y los sentimientos de los demás.










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